De color Calipso, son mis sueños, gracias a la estrella de la esperanza. Mis ojos pueden ver todo con suma normalidad. Pero, lo que nunca fue mostrado, ha de mostrarse en el canto de una Skylar. Aunque suene imposible, se hace posible solo con creer. Y, si yo lo creo, este mundo es real. Vivía entre mis frases sin sentido, pero los sueños, el sentido les encontró. He aquí mi aventura que jamás habría podido soñar sin mí falta de realidad. Pero si en un sueño está, una Skylar como yo, lo vuelve real. ¡Pero ten cuidado al dudar de mis poderes! que mi rostro se ve inocente. Pero, los ojos esconden una furia que se desata con facilidad.
Antes de leer mi historia, di que no dudas que esto es real, puesto que si luego lo sueñas y lo mezclas con la realidad, una sorpresa en tu corazón aparecerá. Y, claro que no te ocurrirá nada, es solo una sorpresita de creer más allá de las cosas y no quedarse con una sola respuesta. Si alguna vez soñaste, intenta recordar cada detalle. Pues solo recordaras cierta parte; que si la juntas con tus otros sueños, puede ser algo interesante.
Ojala pudiera sacarlos de aquí. (Parte 1)
Todo empieza en la antigua y abandonada Pensión Wright, donde vive una niña que no es del todo normal, puesto que para ella la realidad es una pesadilla, y un sueño la vida. Algo no muy difícil de comprender para algunos. Pero la mayoría le diría loca. Aunque, para ella es ser alguien inteligente y normal. Pues, de una forma u otra cada uno puede ser inteligente a su manera, dependiendo de su imaginación. Eso le dice siempre a los niños pobres que viven con ella: que algún día los llevara a un sueño del que nunca más podrán salir. Pero ganarán aventuras que nadie en esta pesadilla ha de vivir.
Una tarde, en que el sol brillaba como nunca, los niños se extrañaron por tanto brillo; ya que normalmente en la tarde éste ya estaba oculto.
Así que, se quedaron apoyados con las miradas atontadas en el gran ventanal, esperando a que se fuera el sol, mientras, en su habitación- con las paredes desgastadas de un color césped oscuro-, se encontraba Cassie escribiendo en un cuaderno sentada en el sofá azul como todas las tardes cuando el sol ya está escondido. Pues los rayos de éste sobrepasaban toda su habitación y no la dejan escribir a gusto. Siempre escribe lo que piensa, lo que debería estar viviendo en estos momentos. Acontecimientos que solo vive en sus sueños; y en la realidad es absolutamente lo contrario, aunque trate de cambiarlo.
Ella suspira y cierra su cuaderno.
-Tengo hambre- dijo, colocando ambas manos contra su estomago haciendo una mueca. Se levantó y dejó su cuaderno sobre el sofá; miró alrededor y volvió a suspirar. Su mente la distrajo con un recuerdo mientras miraba el suelo de madera desgastada.
Desde la primera tarde de primavera del año mil novecientos noventa y tres, cuando despertó de golpe tras una larga siesta en un parque que le mostraba como sería su vida después de ver a una nube totalmente negra bajo la torre Diligh. Una torre no muy conocida en la ciudad Cannows, puesto que el paisaje es algo escalofriante. Pero el sueño parecía imposible, no para ella, sino para su hermana mayor que se quedaría en la pesadilla y no podría vivir en el hermoso sueño. Ella siempre la acompañaba al parque. Ambas tiraban piedras al lago y la que llegara más lejos escaparía de la realidad. Myna ganó ese día y Cassie se alegro mucho por ella. Ambas sufrían debido a que perdieron a sus padres. Nunca supieron que fue de ellos. Solo saben que están muertos: pero las razones, y el porqué no existían. Ellas se inventaban un final a ese desastre, cada vez que les preguntaban, pero, cada palabra las quebraba por dentro como si fueran de cristal.
La ciudad Cannows está rodeada de gente con malas intenciones; cada una con historias diferentes, pero tienen algo en común, lo cual es bastante desagradable. Todos cometieron homicidio e hicieron cosas que no tienen perdón: pero, ¿se arrepienten? La respuesta más resumida y completa es: no.
Cannows se halla en la primera región del país Endleid. Fue llamada Cannows por el difunto alcalde Diligh Cannows que murió en la torre, actualmente llamada como él. Por eso se le dio ese peculiar nombre para que todos recordasen que ahí murió. Pero al encontrar su cuerpo, éste desapareció en cenizas, dejando a la ciudad perpleja. Desde ese día empezaron los homicidios diarios. El miedo abundaba, pero Cassie y su hermana estaban tranquilas.
Cassie cierra sus ojos y los abre en dirección a su cuaderno. Escucha a Caroline bajar por las escaleras y lo esconde debajo de un almohadón.
Hecha de carne y hueso como todos los demás, Cassie nunca fue igual a todos, debido a su mente que estaba formada de sueños tan increíbles, que ni un millón de humanos soñando el mismo sueño, podrían hacerlo tan increíble como los hacía ella. Su hermana mayor era todo lo contrario, su único sueño era escapar de la ciudad con su hermana menor. Lamentablemente eso no sucedió.
-¡Caroline!- Gritó Cassie mirando la puerta mientras ordenaba su habitación.
Sabanas, frazadas, almohadas por todas partes: los hermanos de Caroline dejan así su habitación todos los días. Ella les llama monstruos del desorden, por diversión claro. Pero si esa fuera tú habitación, desearías no vivir en aquel lugar. Tenían miles de muebles viejos, ya que habían cerrado la pensión hace unas semanas de unos vecinos ancianos que administraban el lugar que decidieron regalarles estos. Qué suerte dirían muchos, pero aquel lugar estaba devastado: pero como no tenían a donde ir, decidieron aceptarlo.
Caroline entró a la habitación de Cassie y soltó una pequeña carcajada al ver que ella corría de un lado a otro intentando dejar la habitación lo más ordenada posible.
-Cassie, iré al mercado. ¿Necesitas algo en especial?- preguntó Caroline, cruzándose de brazos y apoyándose en el contorno de la puerta, mientras pensaba que hacer de comer hoy.
-¡Sí!- Exclamo Cassie, antes de que Caroline se diera la vuelta para irse al mercado.
–Necesito otro cuaderno, digo… necesito uno.- Dijo tartamudeando al final, nadie sabía de su cuaderno y así quería ella que fuera. Su estomago empezó a doler. Miró a Caroline con una reacción de dolor en su rostro.
-¿Qué harás de comer hoy?, me muero de hambre.- Afirmó casi suspirando. Tomó asiento en su cama y acarició su abdomen intentando calmar el dolor.
-Pues, pensaba en hacer una ave asada acompañada de vegetales, ya que nos saltamos el desayuno; Lottie igual anda con dolor de estomago.- Dijo al notar como Cassie acariciaba también su estómago. -¡No tardaré!- Casi gritó al mismo tiempo que salió corriendo hacia la puerta con su bolso.
Caroline se encargaba de varias cosas en el hogar junto a Cassie. Ir de compras, bañar a sus hermanos y ayudar en el jardín. Ambas plantaron varios vegetales por lo cual no era necesario ir siempre a comprarlos al mercado (además de frutas), pero la que más abundaba en su pequeño huerto eran las semillas de sandía; la fruta favorita de todos ellos. Al irse Cassie cerró las ventanas de su habitación; al igual que las cortinas. Salió de ahí y subió un escalón.
-¡Cierra las cortinas Lottie!- Gritó mirando hacia el final de las escaleras donde se encontraban ella y sus dos hermanos. Lottie no logró escucharla. Cassie se apresuró para
cerrar todas las ventanas y cortinas. Aunque se olvidó de cerrar las del último piso (que creyó cerraría Lottie), donde los pequeños estaban apoyados mirando -a través del gran ventanal -el horizonte.
Caroline aún en el mercado no encontraba ni una sola tienda donde vendieran cuadernos. Pasaron las horas hasta que por fin encontró una librería. Un anciano atendía el lugar y al entrar Caroline, miro alrededor con un gesto de molestia debido al polvo en cada estante. Ella es alérgica a tal suciedad. Su nariz se enrojeció y se asustó al ver unos cuantos ratones escabullirse de un lado a otro. Uno de esos pequeños roedores mordía su calcetín. Caroline gritó espantada, corrió hacia la caja registradora, y dio varios saltos intentando espantarlos: pero no funcionaba.
-¡Ratones!- Exclamó desesperada buscando algo para alejarlos. Tomó un libro, pero alguien se lo arrebato enseguida. El anciano molesto con una escoba espantó a los ratones rápidamente.
-Jamás mates a uno de esos ratones con mis libros, serán antiguos pero bastante delicados y especiales. ¿Compraras algo, pequeña?- Le preguntó curioso a Caroline mirándola de reojo. Ella estaba despeinada y su nariz parecía una fresa.
-¿No dirás nada? Ándate, si no vas a comprar. Vete de una vez, es tarde y debo cerrar.- Afirmó molesto ordenando unos cuantos libros que habían revuelto los pequeños roedores invasores.
-Solo necesito un cuaderno, señor. ¿Tiene alguno?- Respondió bastante asustada y casi sin voz. Su alergia empezó a hacerle estornudar. Miró la placa en la camisa de aquel anciano y agregó. -¿Deinn?- Pronunció mal casi diciendo “Dainny”.
-¡Deinn!-pequeña Caroline-, ¡ese es mi nombre!.- Le replicó entre risas y fue por un cuaderno rápidamente hacia la bodega de su pequeña librería.
-Yo no le he dicho mi nombre: es que, ¿acaso este señor tan raro, me conoce?- Pensó intrigada hacia su contestación. Su rostro no le parecía conocido. Además, era bastante alto y su traje parecía de funerario.
Al salir del local no dejaba de estornudar. Con el cuaderno de Cassie en mano, miro su reloj y ya era tarde. Nuevamente no comerían nada.
En la pensión abandonada empezaban a aparecer los mosquitos en el para rayos.
-Pero qué frío hace.- Dijo Cassie, con una voz baja alrededor del pasillo mientras recorrían su cuerpo unos pequeños escalofríos. Fue hacia la habitación de los pequeños y arregló sus camas para que se fueran a dormir.
Siete de la tarde en Cannows: hora de dormir. ¿Porqué tan temprano? La verdad, es necesario debido a unos mosquitos que empezaron aparecer en las afueras de la ciudad. Este lugar se caracteriza por ser algo bastante aterrador; pero solo Cassie y Caroline en el edificio sabían que ellos existían, puesto, que decirles a los pequeños sería un grave error, debido que se espantaban con facilidad y no querían que sufrieran como ellas lo hicieron en su infancia.
Mientras los pequeños seguían en ese gran ventanal.
-Lottie, mira eso.- Apunto Phill con su dedo índice a los mosquitos que volaban cerca de ellos; aunque no entraban a casa se veían muy brillantes, cosa que les ayudaba a distraer a su víctima.
Mientras Caroline regresaba del mercado bastante cansada de tanto caminar, no dejaba de pensar en aquel anciano llamado Deinn. Parecía amable, pero ella cree que esconde algo; como todos en la ciudad. Levantó la mirada hacia el ventanal del último piso y notó que sus hermanos estaban mirando los mosquitos. Su rostro se tornó preocupante y angustiada. Corrió hacia la entrada de la pensión. A Cassie se le ocurrió subir hacia aquel piso: pues buscaba su brazalete de moras secas que Lottie le hizo la semana pasada y que le encantó. Apenas llegó al último escalón quedó en shock al ver como un mosquito se posaba en la piel de Lottie.
–Hace cosquillas.- Musitó la pequeña mientras soltaba unas pequeñas carcajadas. Pero esa risa se fue al instante cuando el mosquito empezaba entrar a su piel.
– ¡Lottie, mátalo!- Exclamo Cassie reaccionando rápidamente. Corrió hacia ella y tomó con sus dedos al mosquito antes de que este entrara por completo a su brazo: lo tiró por la ventana y empujo a los niños hacia atrás cerrándola rápidamente junto con las cortinas.
–¡Me duele, me duele!- Se quejó Lottie mirando la sangre que salía de su delicada piel; la cual se enrojeció y fue tomando un color morado. Phill y Dylan no se movieron ni un poco, pues no sabían porqué le sangraba el brazo a Lottie, menos el porqué Cassie reaccionó así con los mosquitos. Ellos creían que los mosquitos eran buenos y ella le había hecho esa herida a Lottie, quién sabe, tal vez por accidente.
Caroline no lograba abrir la puerta. Los mosquitos estaban cerca de ella. Estaba desesperada y a punto de llorar: hasta que bruscamente se abre la puerta. Ella cayó al suelo lastimándose el brazo, aunque por suerte a los mosquitos les daba miedo entrar debido a que estaba totalmente oscuro - no suelen estar en interiores, puesto que les produce claustrofobia. Y al no beber sangre, estando en esas circunstancias, se vuelven locos y mueren.
Justo en el brazo que se lastimó Caroline en aquel instante, uno de esos mosquitos hacia tiempo había entrado a su piel dejando una pequeña cicatriz. Esta se abrió gracias al brusco golpe: pero ella no le tomo importancia.
-Esos mosquitos hacen daño.- Dijo seriamente Cassie mirando los rostros confundidos de Phill y Dylan, ya que Lottie se había ido a lavar el brazo, de lo contrario la picadura seguiría infectándose. Lo que Cassie no sabía era que esa picadura podría ser fatal y en estos momentos con la cicatriz de Caroline de nuevo abierta, ambas podrían estar corriendo peligro.
–Duele, duele…- Decía adolorida Lottie al frotar la picadura con su mano intentando aguantar el ardor que le causaba el jabón. Pero este solo empeoraba la herida; aunque el dolor se desvaneció luego de secar su brazo con la toalla. Lágrimas cayeron sobre sus mejillas: y al solo tener ocho años de edad, ya tenía un temor, él cuál eran los mosquitos.
Phill al escuchar a Cassie asintió con la cabeza y miro a Dylan –Eran bonitos de todas formas esos mosquitos.- Dijo un tanto divertido intentando mejorar el ambiente. Ambos pequeños, en especial Dylan era bastante desobediente además de aventurero, Phill ama los deportes y su especialidad es subir a los árboles más altos. En cambio Dylan, es todo lo contrario. Es un niño perezoso -que con suerte- sale a correr por las mañanas una media hora. Con Caroline tienen siete años de diferencia; ella tiene quince y ellos ocho años. Aunque, la verdad, pareciera que fueran mayores a la hora de fraguar planes de escape -tan solo para salir a jugar-.
-¡Sí!- Exclamó Dylan finalmente entre risas colocándose de pie. Miró a Cassie con una gran sonrisa en su rostro.
-Tendremos más cuidado, no te preocupes.- Aseguró el pequeño mirando a Phill: Bostezó y refregó un poco sus ojos. –Vamos a dormir, es muy tarde.- Bajó la voz casi en un susurro.
Cassie se dirigió hacia las escaleras y se detuvo en el primer escalón para mirarlos.
-Dulces sueños.- Les sonrió de lado, y siguió bajando los escalones tratando de no hacer mucho ruido, porque los escalones estaban tan viejos que rechinaban bastante.
Los pequeños se acercaron sigilosamente hacia las escaleras esperando que Cassie se fuera a su habitación: planeaban salir de casa por los mosquitos para comprobar si eran dañinos o no.
-Continuará-
Comentarios de Mynami: Comencé a escribir sobre "Cassie Skylar y el misterio de Corastyc" hace bastante tiempo pero, lo pausé de manera en que aquella pausa se prolongó por 1 año. Sin embargo, decidí abrir este blog para compartirlo con ustedes y obviamente retomar la historia, espero y sea de su agrado.
¡No será lo único que subiré! Deje algunas encuestas no poco importantes en la barra lateral derecha del blog por el momento, donde pueden dar su opinión sobre ciertos puntos que tomaré en cuenta. El blog sigue en construcción.
A la hora de hacer un comentario favor de evitar lenguaje vulgar e inapropiado. Si gustan en compartir la entrada, realmente se los agradecería mucho.
sin más me despido, ¡buen día!
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